LA
MUÑECA, UN STATUS SYMBOL
El nombre de aquella mujer,
los operarios lo habían sabido una mañana de primavera.
Estaba escrito sobre la cubierta de uno de los dos sarcófagos
que salieron fuera, uno al lado del otro, en el barrio Prati, aquel
10 de Mayo de 1889, durante las excavaciones para los cimientos del
Palacio de Justicia, de Roma.
Se llamaba Crepereia Tryphaena. Llevaba el mismo nombre que aparecía
sobre otra tumba cercana, segurament de un pariente. Un nombre que dice
de su procedencia oriental, quizás de origen servil.
Cuando los suyos la lloraban, ella no tenía aún veinte
años. Le habían hecho poner todas sus joyas. Y es así
como la han encontrado después de casi dos milenios. Cuánta
gente sorprendida e impresionada en la apertura de su tumba! Cuando
comparecieron allí, tenía aún sobre la frente la
pequeña corona de mirto, alrededor del cuello un collar de oro
y esmeraldas, a cada lado de la cabeza tenía pendientes de oro
y perlas, en los dedos tres anillos y, entre sus restos, un precioso
alfiler dorado con una gran amatista.
La cabeza estaba ladeada sobre su hombro izquierdo, casi como queriendo
maternalmente proteger a su "pupa", esa muñeca a quien
tantas veces en su imaginación le había dado la papilla,
la había puesto a dormir, había hecho de mamá jugando
con las otras niñas. Ésta es la muñeca más
famosa que nos ha entregado la antigüedad. Ha inspirado al poeta
Giovanni Pascoli una espléndida poesia en lengua latina.
Es de marfil con brazos y piernas perfectamente desnudables, gracias
a bisagras comunes. El espléndido peinado de la edad antonina
revela que su pequeña ama había vivido en tiempos de Marco
Aurelio, cuando estaban de moda los peinados de la emperatriz Faustina.
En el pulgar de la mano derecha, la muñeca tenía un anillo.
Quizás el que hacía falta para abrir el pequeño
cofre, encontrado en el sepulcro también, que contenía
el ajuar en miniatura de la muñeca: pequeñas joyas de
oro, dos peines pequeños de marfil y dos espejitos.
Con su muñeca, la muchachita romana exterioriza todo lo maternal
que hay ya en ella y empieza a poner en marcha todo lo que aprendió
de su madre. Se separará de ella solamente cuando se case. Ese
dia la entregará a los dioses Lari de su casa o la ofrecerá
a la divinidad preferida. Aquél será para ella el momento
en el cual, cambiando de vida, abandonará la niña que
hay en ella.
Los arqueólogos saben bien que una muñeca encontrada en
una tumba femenina delata el estado núbil de la difunta. La muñeca
de Crepereia quedó por siempre en compañía de una
niña.
Domenico
Augenti